Rito de Paso (Ales Abruzzese)

Rito de Paso (Ales Abruzzese)

Escrito el 20/05/2020
Ales Abruzzese

En la medida en la que esta pandemia ha generado un quiebre y una pausa de actividades cotidianas o como solíamos llamar una rutina dentro de una normalidad entendemos que nuestra percepción sensorial y del mundo, se ha visto obligada a cambiar, es también diferente, lo que puede causar una inestabilidad o una modificación del comportamiento. Escuchamos cotidianamente los términos de “distanciamiento social”, sin duda un distanciamiento físico genera una distancia social, sin embargo hablaré entonces de distanciamiento físico ya que lo que nos importa son cuestiones relacionadas al cuerpo.

Todas las emociones que sentimos en estos tiempos de distanciamiento físico y de aislamiento nos están obligando a ponerle más atención a nuestros sentidos.

El humano es una unidad de interacciones con el contexto, hay una circularidad con lo percibido que no podemos negar.

Nuestro entorno nos afecta y nosotros afectamos a nuestro entorno. Estamos siendo obligados a frenar, la naturaleza en su propia sabiduría sabe lo que necesitamos; nuestro entorno nos está diciendo y haciendo “algo”.

El mundo en el que nos movemos existe mediante la carne que va a su encuentro. Le Breton decía que para el hombre no existen otros medios de experimentar el mundo sino ser atravesado y permanentemente cambiado por él. El mundo es la emanación de un cuerpo que lo penetra.

 

“Entre la carne del hombre y la carne del mundo

no existe ninguna ruptura sino una continuidad

sensorial siempre presente.”

 

El mundo y la realidad no son algo dado sino son un proceso en el cual participamos, observamos, cuestionamos y respondemos. La interacción es la base de todo proceso cognitivo, y nuestro entendimiento de la realidad y sus diferentes capas lo es también.




Lo primero que pasa en el mundo es que antes de que lo entendamos, lo sentimos; el mundo pasa primero por una experiencia corporal, hablamos de una cognición ligada al cuerpo activo que interactúa con el mundo. En este sentido, el humano es, somos, una unidad de interacciones con el contexto. Primero sentimos/entendemos con el cuerpo, después generamos sentido.

El cuerpo es proliferación de lo sensible, o como afirma Le Breton “Antes del pensamiento están los sentidos”

Entendemos el mundo porque nos sumergimos en él, estamos dentro de él, no solamente frente a él como espectadores.

A través del cuerpo y los sentidos vivimos una primera experiencia del mundo.

Son nuestras percepciones sensoriales que nos permiten generar significados sobre el mundo y todo lo que lo compone, desde algo tan simple como saber dónde estamos, saber situarnos en él.

En las últimas décadas hemos estado sobrecargándonos de informaciones a nuestro alrededor, contaminación acústica, contaminación visual, espacios saturados de personas, sobrecarga de datos, sobreproducción de “cosas”. Esto de alguna manera ha causado un adormecimiento de nuestros sentidos, escuchar el silencio era extraño para algunos, dejar de ver cosas, se sentía vacío para otros. Lugares donde no había gente podía desesperar... Ahora, tenemos la oportunidad de volver a escucharnos, de estar en un estado de atención sensorial más abierta, estamos más atentos a nuestros sentidos.

En este tiempo de distanciamiento físico nos vemos de buena manera llevados a escuchar más a nuestro entorno  y a nuestro propio cuerpo,  a tratar de entender lo que nos dice.

Tal vez escuchándonos y escuchando los espacios que habitamos, empecemos a escuchar más al Otro. Le Breton afirma que “La carne es siempre una trama sensorial en resonancia”. Entre nosotros resonamos, reverberamos circularmente en un proceso de interacción y entendimiento. Como lo dijimos antes, el mundo y la realidad son un proceso, nosotros hacemos parte de ese proceso al cual llamamos Realidad.

No podemos pretender tener una capacidad mental que no esté ligada o inscrita corporalmente y que no esté ligada a un cuerpo que es activo, que interactúa con los otros, con sus contextos y entornos. “La cognición ocurre en la interacción, va más allá de la racionalidad y la idea tradicional  de la mente”, dice la antropóloga del arte Patricia Trovar. “El cerebro es todo el cuerpo”. Es lo que Francisco Varela propone como “enacción”. La enacción es cognición encarnada.

Somos cognición encarnada.

El filósofo Mijaíl Bajtín dice - “Yo participo en lo cotidiano, en las costumbres, en la nación, el Estado, en la humanidad, en el mundo de Dios, es ahí donde yo vivo valorativamente en el otro y para otros, donde estoy revestido valorativamente de la carne del otro. Yo me conozco y llegó a ser yo mismo sólo al manifestarme para el otro a través del otro y con la ayuda del otro. Los actos más importantes que constituyen la autoconciencia se determinan por la relación con la otra conciencia.” 

Desde esta perspectiva, somos cuerpos físicos, reverberamos y producimos sonidos, ondas, vibraciones y eso afecta nuestro entorno y vive-versa. En estas épocas de distanciamiento físico reverberamos de una manera diferente con nosotros y con los otros.

Creo que una pregunta fundamental ahora es entender cuál es nuestra relación con el otro? Es un momento esencial para entender cuál es la relación del cuerpo en la sociedad y porqué no, verlo desde el arte. Para eso tal vez empezamos por repensar la cuestión de la Experiencia.

Primero pensamos en la experiencia del cuerpo y la experiencia física y sensorial que nosotros tenemos, desde nuestra experiencia del mundo; hasta al ser confrontados con una pieza artística, ya sea un objeto, instalación, pieza audiovisual u obra escénica; en ese caso re-pensar la interacción y la experiencia desde un proceso cognitivo corporal es evidente.

De que maneras entendíamos sentirnos frente a una obra sea cual fuere? Y de que manera vamos a sentirnos ahora si volvemos a una situación similar? Se van generando nuevas formas y nuevos formatos para piezas artísticas, traducción de las necesidades de una sociedad. Se generan respuestas creativas, pero la pregunta es entonces como re-generar la Experiencia sensorial desde un formato inmaterial/virtual/digital/online?

Volviendo un segundo a la cuestión de nuestros sentidos y repensando nuestro interés en la experiencia del mundo a través de ellos, efectivamente se replantea un cambio en la visión que tenemos del mundo, de nosotros, y de los otros. Sin embargo la “visión del mundo” no tiene que ser necesariamente visual, hemos estado muy concentrados en ese aspecto, en todo lo que nuestros ojos perciben y hemos olvidado entender, vivir, estar, con nuestros otros sentidos.

La simple expresión “visión del mundo” nos refiere a un solo sentido que por costumbre o jerga tradicional se ha vuelto una manera de entenderlo. Como si la comprensión del mundo tuviera que pasar obligatoriamente a través de los ojos, esto es de alguna manera una versión muy occidental y contemporánea del entendimiento de la realidad y lo que la conforma. En muchos rituales chamánicos encontramos una segunda experiencia del mundo, una forma de entenderlo y hacer parte de él, que deja un poco el lado corporal y se proyecta aún más lejos, o más bien dicho a más profundidad.



Por más de que las experiencias chamanicas estén ancladas a un inicio físico, sus repercusiones muchas veces con la interfaz de sustancias particulares, permiten acceder a situaciones o conocimientos extra-corporales y sensoriales. El conocimiento del espacio es kinestésico y constantemente mezcla el conjunto de la sensorialidad. En numerosas cosmologías, el mundo no se da a través de la vista, pero también por medio de los sonidos y otros sentidos más, como el tacto, el gusto o el olfato.

Escuchar al mundo y escucharnos, es también una manera de verlo y entenderlo. Es algo que en el mundo occidental y colonialista hemos ido olvidando por el frenesí de la era contemporánea, por una “modernidad líquida” que castiga la inercia y solo incita al movimiento incesante y a la proliferación de cosas y contenidos, como menciona Zigmund Bauman en su libro “Arte líquido”, tenemos miedo al estancamiento y nos reprochan la “pérdida de tiempo”. Me atrevo a decir aún más en relación al arte y al mundo artístico.

Mucho dentro del arte y diversas prácticas artísticas han sido y siguen siendo consideradas como “pérdidas” de tiempo para el común denominador. Se nos ha impuesto maneras de ver las cosas, maneras de escucharlas y sentirlas.

La modernidad ha colonizado nuestros sentidos y aun más en la esta era contemporánea.

Esto que experimentamos como pandemia no tiene precedentes para nuestros cuerpos, estamos en un periodo liminal, es decir en el limen, en el margen. La liminalidad podríamos definir la como un punto intermedio de transición entre dos posiciones, formas o estados, y denota cualquier condición en las periferias o fuera de la vida cotidiana. Hoy nuestro cotidiano no parece ser un cotidiano “normal”, no sabemos aún cuál ni cómo será nuestra nueva normalidad. 



Ritualidad en la pandemia

Nos encontramos en un momento de transición, estamos en un rito de paso.         .

Tanto en visiones cosmogónicas, chamánicas y hasta contemporáneas estamos marcados por rituales de formas diferentes. Sin embargo en los rituales encontramos ciertos elementos y fases que sin importar el contexto determinado están siempre presentes. La primera fase podríamos llamarla de separación, la segunda: el periodo liminal y por último la re-integración. Los ritos de paso marcan un cambio de estado.

Hablamos dentro de un proceso ritual de esta etapa intermedia entre lo que era antes y lo que seremos después.

Estamos ahora mismo como humanidad en este ritual obligatorio, en este periodo liminal, como seres transicionales. Es el periodo marcado por una ambigüedad e indefinición.

Aún no sabemos qué seremos ni cómo seremos después, estamos aun trabajando la resignificación de nuestra cognición encarnada.  Estamos sintiendo, analizando, repensando, el escenario en el que nos encontramos y viviendo nuestra transformación en algo que aún no conocemos.

La “arena”, usando un vocabulario propio del análisis antropológico del ritual, es, el escenario en el cúal las ideologías se transforman en símbolos y el poder político se moviliza. Los símbolos adquieren el significado de las arenas en las cuales están inmersos. ¿Cuáles son los símbolos que están apareciendo hoy en día?

El cuerpo físico y el cuerpo social están justamente en el corazón de un proceso ritual. Estamos en una arena en el cual el ser, es decir nosotros nos hemos vuelto seres anti-estructurales, lo cúal en el medio del arte no es anormal, el arte y los artistas siempre han sido de alguna manera seres anti-estructurales; sin embargo, se nos ha impuesto este rito de paso, este aislamiento, está cuarentena, distanciamiento físico o social, como prefieran llamarlo...

...este es el rito de paso que nos ha tocado como humanidad.

El ritual y el rito de paso suponen que al final del proceso el ser liminal, en este caso, todxs nosotrxs, habremos adquirido un nuevo poder. He aquí la importancia de entendernos como cognición encarnada y aprender a ver el mundo sin limitarse al uso de los ojos. ¿Cuál es el nuevo poder que quisiéramos/ deberíamos adquirir? ¿A qué pretendemos llegar? ¿Qué nuevo poder vamos a encontrar después de esto?  ¿De qué conceptos y símbolos estamos hablando? ¿Nos vamos hacia una mejor forma basada en la comunidad y solidaridad? ¿O es que nos vamos a la lucha por del yo, el ego y el egoísmo como slogan oficial?

Tal vez no sólo el coronavirus Covid-19, el capitalismo y el internet sean un virus pero tal vez el Yo lo es también, de manera que, lo que el entorno nos propone podría ser volver a pensar, sentir y escuchar un nuevo nosotros. Si nosotros queremos volver a ser los anticuerpos entonces primero tenemos que re-aprender, y experimentar el mundo como parte de él, no como invitadxs.