UN POCO DE HISTORIA: ANTÍGONA, DE ANOUILH

UN POCO DE HISTORIA: ANTÍGONA, DE ANOUILH

Escrito el 13/10/2019
Andres Canedo


Andrés Canedo

Varios años antes, mi esposa Rose Marie, había puesto Antígona de Jean Cocteau, cuando yo me encontraba en Francia y eso me impidió ver la obra, pero supe, por las críticas, que ese, como todos los trabajos de Rose Marie, tuvo un resultado estupendo. Varios años después, todavía impactado por la inesperada muerte de mi esposa, decidí poner en escena la Antígona de Jean Anouilh y lo hice en homenaje a ella. El texto de Anouilh siempre me había parecido muy hermoso, pero claro, yo sabía muy bien que el teatro no es texto sino acción, y decidí poner en esa obra todo lo que sentía, pero, además, todo lo que sabía. De manera que al pensar la puesta en escena fui creativo y riguroso. Así, apliqué lo que había aprendido sobre puesta en un libro que compré en Estados Unidos (Fundamentals of Play Directing) y puse énfasis en crear metáforas con el cuerpo y los movimientos de los actores. Por ejemplo, Antígona, luego de su último encuentro con Hemón, cuando le dice que ya no podrán tener el chiquillo que soñaron, rueda sobre su enorme chal azul y termina realizando movimientos de parto y finalmente culmina recogiendo ese mismo chal y dándole la forma de un bebé que acoge en sus brazos.
La elección y el trabajo con los actores fueron delicados y complejos: Remy Varela (Antígona), Dady Maldonado (Creón), David Mondaca (Hemón) y Tatiana Mansilla (Ismena). Colaboraron también otros excelentes actores y actrices de ese tiempo y yo, que no pude resistir las ganas, hice el personaje que se llama Prólogo y que es, en realidad, una especie de presentador, pero que tiene un monólogo de algo más de 10 minutos. Pensé también en la música, quería música en vivo, y se la encargué al compositor Alberto Villalpando y la interpretación de la misma estuvo a cargo de la Orquesta Municipal de La Paz, dirigida por Willy Posadas y el coro (que hacía el coro griego, pero que en este caso cantaba) fue Coral Nova, dirigida por Julio Barragán. Yo le había pedido a Alberto Villalpando, algo obsesivo que hablara sobre “la ley” y que se pareciera al estilo de Orff (Carmina Burana y otras). Alberto logró una composición de gran belleza en la que lo contemporáneo se mezclaba con melodías clásicas griegas al estilo de la época de Sófocles y de las cuales la canción de Ismena, ante la condena de su hermana, era realmente hermosa, acompañada por el timbal y la flauta. La puesta que en general era atemporal, requería de una escenografía especial, lo que se resolvió casi mágicamente con unos andamios de aluminio bellísimos, que nos prestó la Cervecería Nacional. En uno de esos andamios, en proscenio izquierda, la noble reina de Tebas estaba siempre presente tejiendo un infinito tejido que era como tejer la tragedia, y que, claro recordaba a la mujer de Odiseo. El vestuario, era un tanto futurista para los hombres que vestían unos trajes con aspecto militar, y las mujeres sólo llevaban una simplificación de las túnicas griegas.
Al libreto también le hice algunas modificaciones pues la obra de Anouilh terminaba en el más áspero escepticismo y, como todavía vivíamos en época de militares, traté de dotarla de un claro mensaje de esperanza. Finalmente, Antígona se había rebelado contra la ley humana y ese acto no debería quedar sin frutos. Los ensayos fueron largos, más de cuatro meses, y en algunos casos más aun, pues Remy debió ir a clases de danza o Tatiana ensayar canto. En los ensayos, en algunas de las escenas complicadas (Antígona- Hemón) yo tocaba un bombo tratando de marcar la emoción y la intensidad, y, curiosamente, el sistema funcionó. Fue difícil también ensamblar la orquesta y el coro con los actores, porque al fin de cuentas, me encontraba manejando más de 60 personas en el espectáculo. Al terminar el trabajo de escribir y corregir la puesta en escena, según las modificaciones que surgían en los ensayos, escribí en el libreto: “Para mi hijo Alejandro”, porque entendía que en él estaba la síntesis de Rose Marie, que había hecho la primera Antígona, y de mi esfuerzo y mis sueños para esta nueva puesta.
Las funciones en el teatro Municipal de La Paz siempre estuvieron llenas de público que aplaudía generosamente, la crítica fue muy buena, los elogios de los amigos, esas estelas de luz que van guiando nuestro camino, muy emotivos. Sólo que a los pocos días de terminar la temporada con aquel llamado Elenco Municipal de Teatro, yo fui despedido de mi puesto de director y, que yo sepa, dicho Elenco Municipal no volvió nunca a funcionar. Nunca supe las razones reales de mi despido, aunque, claro, las sospeché, porque aquella Antígona fue un alegato por la libertad, en tiempos en que aquella era una mala palabra.